Reseña de Exhibition – Joanna Hogg crea un magistral enigma cinemático

Por Peter Bradshaw

Jueves 24 Abril 2014 15.30 BST

Composite of stills from films reviewed on the 25 April Guardian Film Show

Las ansiedades de las clases bohemias están listas para inspección en esta película sensual y brillante sobre dos artistas disfuncionales

Joanna Hogg es una artista y cineasta que irrumpe y provoca. Después de la primera ola de alabanzas de sus fans (como yo), sus películas tienden a obtener reacciones en contra, de incredulidad y desdén, de quienes preferirían una envoltura ligera y tranquila. En los avances a su lanzamiento, su más reciente película ya ha provocado algunas risillas y desprecios en línea. Algunos de los tweets que he recibido se han sentido como sacudidas de asiento de alguien que burlonamente abandona la sala. Eso me hace amarla más.

Exhibition es un experimento compuesto y soberbiamente glacial en un retrato-cinematográfico de ficción; un estudio refrigerado en domesticidad y sofisticación, misterioso y contrario a la razón – una película que podría reclamar su linaje de la casa esculpida por Rachel Whiteread, o una la pintura de David Hockney, Mr and Mrs Clark and Percy. Hogg usa sus tomas largas características desde diferentes posiciones de la cámara; utiliza la luz disponible y un diseño de sonido como de media distancia; es una técnica fílmica que te hace esperar que la gente en la pantalla comience a hablar no en inglés sino en acento austriaco o en alemán. Es una película que no está interesada en la tonalidad convencional imperativa de ironía, aunque hay comedia y tragedia – o algo así.

Los protagonistas no son profesionales. Quien fuera vocalista de Slits, Viv Albertine, y el artista nominado al Turner, Liam Gillick interpretan a una pareja sin descendencia, identificada como D y H, ambos artistas contemporáneos evidentemente de considerables recursos, capaces de seguir sus vocaciones sin preocuparse por el dinero. Viven en una hermosa casa modernista en Londres, con enormes espacios rectilíneos y su propio excéntrico elevador. Fue alguna vez la casa de su arquitecto de la vida real, el fallecido James Melvin, a quien está dedicada la película. Hay alguna tensión entre la pareja: H es considerablemente más exitoso que D, cuyo arte performativo no ha encontrado elogios. Tienen tensas conversaciones sobre el trabajo de ella; su vida sexual está estancada y de hecho la casa entera parece existir en un miasma de erotismo frustrado e introvertido. Cuando está con ella misma, D realiza masturbaciones fantasiosas y ruborizantes; ella dicta sus sueños a una máquina en movimiento y frecuentemente se queda dormida encorvada contra las paredes o en los alféizares de las ventanas, como gato. Su comportamiento se vuelve progresivamente más perturbador y gradualmente se nos introduce a su vida interna; las escenas que Hogg conjura tienen una calidad mesmeriana y alucinatoria.

El hecho extraño es que D y H quieren mudarse de esa casa extraordinaria, en la que han pasado la mayor parte de su vida adulta, y a la que han prodigado tanto cuidado. Se presume que ya han encontrado un lugar nuevo; a dónde se están mudando es algo que nunca se menciona, y tampoco el precio que piden por su casa actual. Tom Hiddleston hace un cameo como un elegante y casi cortesano agente de bienes raíces. ¿Por qué se están mudando? ¿Porque, como artistas, sienten que en algún sentido que han crecido más que la casa y necesitan desarrollarse más en un nuevo contexto? ¿O es porque algo terrible les ha sucedido ahí´, algo que no pueden mencionar nunca? Esto puede ser la raíz de su disfunción, de alguna manera energizada por la misteriosa calma de la casa misma.

Es un enigma manipulado y mantenido con maestría. La aproximación de Hogg es algo que debería llamarse asatírica: las ansiedades de las clases bohemias están sostenidas por una rigurosa, pero no ridícula, inspección. D y H son un mundo aparte de, digamos, Stringalongs de Alan Bennett, y también son sutilmente diferentes de Daniel Auteuil y Juliette Binoche como la afligida pareja en el drama del 2005 escrita y dirigida por Haneke, Hidden [Caché], quienes como D y H viven sus vidas de alto estatus casi dentro de una barricada, una hermosa casa moderna en el medio de la ciudad capital.

Las cómodas existencias de D y H no son para ser torturadas y laceradas, aunque en algún punto hay una confrontación muy Hanekeriana con un hombre que tiene el mal gusto de estacionarse en el lugar de estacionamiento privado de H. Este choque no es el punto. Estos son los temblores y las réplicas de algo que ya ha sucedido.

Hay algo perturbador en la forma en que esos sentimientos y emociones alienadas han sido desplazadas hacia afuera. La casa puede ser su prisión, o su refugio, o su espacio para la exhibición privada de su dolor emocional. Sobre el estado mental de D, ¿ella lo está perdiendo – o ganando? Puede ser eso, a su manera imposiblemente enrarecida, esta figura retorcida está absorbiendo la angustia tácita y está desarrollándose en una mariposa de creatividad. Exhibition es cinematografía desafiante, sensual y genial.

 

Traducción: Mariana

Fuente: The Guardian

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