Vampiros para adultos

La más reciente película de Jim Jarmusch, con Tilda Swinton y Tom Hiddleston llega a México, y con ella, una reflexiva y sugestiva historia de vampiros preocupados más por el arte que por la sangre.

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Por Arturo Aguilar

Figura importante en la cinematografía mundial, el vampiro ha recibido muy distintos retratos, desde el icónico Nosferatu de Murnau, muestra ejemplar del expresionismo alemán, al romance adolescente de la saga Crepúsculo.

En esta ocasión con la más reciente película de Jim Jarmusch, Solo los amantes sobreviven, encontramos una historia que lleva a este ser inmortal hacia otras reflexiones, hacia los terrenos de la meditación sobre la música, la poesía o la literatura; y que esconde en el fondo una historia de amor, complejo y profundo, a la humanidad y a una de sus expresiones más complejas: al arte. Olviden el exceso de colmillos y sangre.

Llena de guiños históricos y culturales sobre la profesión artística e intelectual en los últimos siglos (incluida referencia a la teoría sobre que Shakespeare no fue el verdadero autor de su prolífica y reconocida obra), esta historia nos lleva a conocer a Adam y Eve, longeva pareja ahora separada, él viviendo en Detriot, ella en Tánger, Marruecos, quienes  buscan este reencuentro para animarse en momentos de cierta dificultad.

Sobre todo para el protagonista masculino, vampiro alguna vez cercano al concepto de rock star o figura musical, ahora desilusionado del estado actual del arte y de la música, viviendo en Detroit, ese lugar convertido desde hace años en una suerte de cementerio urbano por problemas económicos y sociales. Adam (Tom Hiddleston) vive entre los muertos, o los casi muertos, si hablamos de lo ecnonómico-social-moderno. Del otro lado está Eve (la siempre precisa y cautivante Tilda Swinton), mujer vampiro pragmática, curiosa y directa, quien ha entendido (o aprendido o decidido) que lo más atractivo de su experiencia en este mundo es darle cierta rienda suelta al placer, al hedonismo, pero no al simplemente físico, sexual o de lujuria, sino al que alimenta ideas, conocimiento y pensamientos.

La planeación del encuentro y el encuentro nos llevan a conversaciones cargadas de un esnobismo argumentado, de un hartazgo hacia las modas, de una actitud “yo conozco algo mejor que lo que los emociona a ustedes”, ya se esté hablando de música, literatura o lo que sea. Una actitud hoy definida como hipster, en su versión totalmente superficial, pero que cuando se observa a través de quienes han vivido cientos de años, se puede entender el desencanto mezclado con la soberbia.

Y aquí es donde la película de Jarmusch profundiza, echa raíces y tiene ideas claras hacia dónde lleva la complejidad de estos personajes, sus motivaciones y preocupaciones, y su profundo amor hacia el arte, la manifestación más lograda del ser humano. Y por extensión, por el humano mismo.

Esto queda claro a través de los ojos y charlas de quienes han vivido tantos años y han vivido tantas experiencias, han sido testigos de tantos movimientos, crecimientos, descubrimientos y avances, que hoy ya no se sorprenden tan fácilmente y viven cierta melancolía mezclada con nostalgia hacia otros tiempos.

Resulta un atractivo extra en la experiencia del espectador al ver la película el juego de referencias culturales y sociales que requieren más de una vista para descifrarse y descubrir. Que retan los límites de la memoria y el conocimiento artístico-cultural del cinéfilo en fotos, frases y momentos.

Notable, no solo la dirección de Jarmusch, precisa y rítmica, totalmente dentro de los cánones de su filmografía, sino también las actuaciones de Tom Hiddleston (sí, Loki de la saga de ThorThe Avengers) y Tilda Swinton (quien quizás toda su vida ha parecido un ser extra-humano), quienes encarnan perfectamente a estos seres que parecen ser como nosotros, pero no lo son. Con una destacada capacidad para transmitir la profundidad y complejidad de sus personajes como pocos actores, dando un rango de emociones (con tonos precisos, llenos de detalles) que atrapan e hipnotizan. Tanto como la música del filme, otro personaje al que sin duda vale la pena poner atención.

Solo los amantes sobreviven es una película de vampiros para adultos, para pensar en qué pasa cuando llevas cientos o miles de años viviendo y las cosas pueden empezar a resultarte aburridas, pesadas, y cómo lidiar con ese desencanto de la vida misma. Un retrato sobre el amor al arte, el amor a la vida, el amor y la decepción hacia la humanidad, y cómo incluso en los tiempos más tristes es posible encontrar de nuevo guiños de genialidad artística que vuelvan despertar el interés, la atracción o la fe en nuestra especie.

Una reflexión distinta a lo que habíamos visto anteriormente hablando de vampiros. Una experiencia sin duda gratificante y que invita a verse más de una vez, a ponernos a pensar, y bastante, más de una vez. Y eso, es buen cine.

 

Fuente: Rolling Stone

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