Sólo los amantes sobreviven. La crítica

OLLA Adam y Eve

Por Alonso Díaz De La Vega

El vampiro, como el monstruo en general, es una invención simbólica —a pesar de los escépticos de la realidad— que representa desde el miedo victoriano a la sexualidad hasta la insaciabilidad de los capitalistas, según el marxismo. Hoy aparición demoniaca, mañana amante sensacional, la historia del vampiro es la del presente mismo, condenado a la transformación perpetua e inmediata. Enemigo del cliché y la repetición, Jim Jarmusch, que encontró la coincidencia entre la modernidad y el honor de antaño en Ghost dog: El camino del samurai (Ghost Dog: The Way of the Samurai, 1999), y que antes inventó el western posmoderno en Dead Man (1995), ha descubierto una nueva forma de vampiro: el historiador inmortal. Para los vampiros de Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive, 2013) la vida eterna no es un don romántico, como en la franquicia Crepúsculo (Twilight, 2008-2012), ni un mérito para incluirse en el panteón de superhéroes, como en Drácula: La historia jamás contada (Dracula Untold, 2014). Más bien es la maldición de atestiguar la interminable caída del hombre.

Adam (Tom Hiddleston) y Eve (Tilda Swinton) no son el resultado ni el motor de la historia; son meramente sus contempladores. Adam es la vertiente de la desilusión. Deprimido ante el inevitable y recurrente fracaso de la humanidad, la creación se convierte en el cauce de su desesperanza. Músico anónimo en Detroit, Adam posee una habilidad casi mística con la guitarra; es un hipster melancólico. La otra mitad es Eve, conocedora alegre del arte y el conocimiento; amiga de los grandes muertos. Su presencia es un contrapeso, una mitad que en su matrimonio con Adam suma alta y baja cultura, apocalipsis e integración, crítica y creación. Eve y Adam no son la primera mujer y el primer hombre, sino una suma de lo humano y, por otra parte, un lamento por las tradiciones perdidas, que Jarmusch intenta rescatar con alusiones a Goethe, Tesla y Shakespeare. El pasado vive sólo porque ellos lo han presenciado. En contraparte, los mortales, los zombis, como nos llama Adam, ni lo vimos ni lo recordamos.

Jarmusch también explora al vampiro como adicto, y aunque esta metáfora apareció en cierta medida en la serie de HBO True Blood, Sólo los amantes sobreviven destaca gracias a sus visionarias secuencias de éxtasis. Jarmusch nos muestra el consumo de sangre como un suave descenso hacia un letargo de placer e intensificación sensual. Es fácil comprender el descontrol de la hermana de Eve, Ava (Mia Wasikowska), una vampiresa adolescente condenada para siempre a un comportamiento caprichoso, pueril, que pone en peligro el resguardo anónimo de la pareja protagónica. Hedonista e ignorante, Ava sintetiza nuestra era y el peligro que representa para nuestros triunfos: el olvido. Sólo los amantes sobreviven no quiere que reivindiquemos la historia; quiere que la rescatemos.

Dirige:
Jim Jarmusch.

Actúan:
Tom Hiddleston.
Tilda Swinton.
Mia Wasikowska.
Anton Yelchint.

 

Fuente: Excélsior

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